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Ayer pude visitar, finalmente, la exposición de los proyectos presentados a concurso para la Habilitación Parcial de la sede del CTAV, que se puede ver en la misma sede.

Y desde aquí me gustaría felicitar públicamente a Amelia Perea, Álex Etxeberria y Eduardo Landia por ganar el concurso y por la calidad de su proyecto En el patio del Colegio”. Felicitémonos también todos los colegiados por la selección que hemos hecho.

Creo, sinceramente, que hemos escogido el mejor pryecto presentado a concurso. Y lo creo porque es un proyecto resuelto con sencillez (que no simplicidad) y que abre el colegio al público general invitándolo a entrar y disfrutar del espacio exterior del patio.

La organización del concurso, sin embargo, no ha sido tan ideal.

En primer lugar, como colegiado del propio CTAV, creo que es insultante hacernos pagar una tasa de inscripción, independientemente de la cantidad de la misma o las contraprestaciones que nos ofrezca. Si nosotros mismos nos obligamos a pagar para trabajar, ¿que ejemplo estamos dando? ¿Con qué legitimidad podemos pedir después una compensación económica justa por nuestro trabajo si nuestro propio colegio no lo hace?

Por otra parte, tanto el CTAV como el COACV y satélites (hna, arquia, etc…) parecen estar sufriendo un proceso de relocalización que el concurso no ha tenido en cuenta. Hubiera sido mucho más interesante proponer un concurso que al menos pudiera prever el uso del edificio anejo a la sede (que es del colegio) conjuntamente con el que ya está en uso y tratarlo todo de manera integral aunque ahora se ejecutara sólo el acceso y el patio.

Este mismo edificio del colegio está en un estado de conservación dudoso, y debería ser obligación del colegio actuar con ejemplaridad con él. No podemos ir pregonando que hay que mantener los edificios y que la rehabilitación es el futuro y no hacer nada de esto en nuestra propia casa.

Si, ya sé que los recursos de que disponemos son escasos, pero añadir una visión global del conjunto al concurso demostraría al menos una predisposición, y no iríamos haciendo pequeñas reformas sin un objetivo mas amplio y claro.

imagen propiedad de “CTAV

Como ya hemos comentado antes, nuestro trabajo tiene el objetivo de transformar la realidad en que vivimos imaginando y construyendo edificios. Y es, en parte, responsabilidad nuestra decidir en que dirección queremos transformarla. ¿Cómo podemos hacer una arquitectura responsable? ¿Qué pasos podemos dar? ¿Dónde fijarnos?

A título personal yo me he fijado tres ámbitos y objetivos que observar:

1.- La arquitectura debe ser responsable consigo misma.

No podemos olvidar que lo que hacemos es arquitectura. Así, el primer paso es respetar la arquitectura. ¿Respetar la arquitectura? Si. En primer lugar la que ya existe, aquella que nos precede i sobre la que podemos estar actuando; también la que nos envuelve y será vecina de nuestros proyectos: proyectemos con el entorno y aquello que ya existe. En segundo término, la arquitectura proyectada debe ser buena arquitectura, bien diseñada, construida, y utilizada. El objetivo debe ser una arquitectura hecha (y utilizada) con racionalidad y sencillez, que optimice recursos y tenga vocación de perdurar.

2.- La arquitectura es para ser habitada.

Y es el individuo en primer lugar y la sociedad en su conjunto quien lo hará. Debe generar, por tanto, espacios útiles, cómodos, confortables, y saludables para el ser humano. Pero no podemos olvidar que el ser humano vive en sociedad y esta también se ve afectada por lo que proyectamos. Así, la buena arquitectura debería ser accesible, inclusiva y no discriminatoria, y tratar de mejorar la sociedad en cualquier forma posible. Podemos generar espacios de relación, denunciar aquello que no nos guste (y imaginar espacios para que lo pueda hacer cualquiera), promover un estilo de vida… Transformemos la sociedad con nuestros proyectos.

3.- La arquitectura tiene que ser sostenible.

No la podemos imaginar de otra forma. Los recursos de que disponemos son finitos y debemos utilizar-los con medida. Ni los espacios que ocupamos, ni la energía consumida, ni los recursos naturales y paisajísticos en torno a la implantación, construcción, y vida útil puedes escapar a ser tenidos en cuenta cuando proyectemos.

Entiendo que es muy difícil cumplir con todos los objetivos propuestos. La mayoría de veces no está a nuestro alcance, ni depende exclusivamente de nosotros. Lo que sí podemos hacer es tratar de tener estos planteamientos en mente cada vez que nos enfrentemos a un reto técnico o creativo.

Tal vez no podamos llevarlos a cabo todos, pero el sólo proceso de hacerlos entrar en la ecuación seguro que mejorará nuestros proyectos y, por tanto, la realidad que transforman.

imatge: “The Architect’s Dream” de Thomas Cole, [Domini públic]

Ahora que está acabándose se ha acabado la crisis, mirándola en perspectiva, podemos decir que los arquitectos hemos sido en parte responsables. No hemos sido ni los únicos ni los principales, pero nos es necesario hacer autocrítica antes de continuar con nuestra tarea.

Durante la burbuja inmobiliaria se perpetraron actuaciones urbanísticas surrealistas, edificaciones grandilocuentes y suntuosas, y una cantidad de viviendas insultante. Y al mismo tiempo nos fuimos cargando el territorio (l’Horta, la costa, espacios naturales…), el patrimonio cultural (alquerías, acequias, paisajes…), y buena parte del tejido productivo (tierras de cultivo, el propio sector de la construcción, pequeñas empresas…). Incluso le hemos dejado una cicatriz bien fea a la imagen exterior de València.

Y una gran parte de estas fechorías han necesitado de nuestra colaboración como arquitectos para ser llevadas a cabo.

Hemos firmado y colaborado en proyectos de dudosa calidad (técnica, formal y legal), que ahora tienen que sufrir sus usuarios; y hemos mirado a otro lado, cuando alzar la voz iba contra nuestros intereses. Es necesario decir que no hemos sido todos, que hay muchos profesionales que se han negado, y otros a los que la necesidad les ha apretado y han decido puntualmente; pero hay alguno que…

A nivel individual hemos podido pecar más o menos, en función de nuestra voluntad y capacidad de movimiento. Una persona sola poco puede hacer. Pero como colectivo (con cierta capacidad) podemos decir que le hemos fallado por completo a la sociedad. Colegios profesionales, escuelas, fundaciones, editoriales, creadores de opinión y hasta en las redes sociales hemos sido incapaces de darnos cuenta o actuar debidamente.

Hemos de asumir que hemos fallado tanto individual como colectivamente. Porque nuestra profesión implica siempre transformar la realidad existente y en estos últimos tiempos no la hemos mejorado precisamente.

En nuestras mentes, manos, lápices y ratones está comprometernos a volver a mejorar la realidad sobre la que actuamos. Y sólo lo podremos hacer ejerciendo la arquitectura de manera responsable, imaginando una arquitectura responsable.

imagen de Untipografico [CC BY 2.0], via Wikimedia Commons