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Ahora que está acabándose se ha acabado la crisis, mirándola en perspectiva, podemos decir que los arquitectos hemos sido en parte responsables. No hemos sido ni los únicos ni los principales, pero nos es necesario hacer autocrítica antes de continuar con nuestra tarea.

Durante la burbuja inmobiliaria se perpetraron actuaciones urbanísticas surrealistas, edificaciones grandilocuentes y suntuosas, y una cantidad de viviendas insultante. Y al mismo tiempo nos fuimos cargando el territorio (l’Horta, la costa, espacios naturales…), el patrimonio cultural (alquerías, acequias, paisajes…), y buena parte del tejido productivo (tierras de cultivo, el propio sector de la construcción, pequeñas empresas…). Incluso le hemos dejado una cicatriz bien fea a la imagen exterior de València.

Y una gran parte de estas fechorías han necesitado de nuestra colaboración como arquitectos para ser llevadas a cabo.

Hemos firmado y colaborado en proyectos de dudosa calidad (técnica, formal y legal), que ahora tienen que sufrir sus usuarios; y hemos mirado a otro lado, cuando alzar la voz iba contra nuestros intereses. Es necesario decir que no hemos sido todos, que hay muchos profesionales que se han negado, y otros a los que la necesidad les ha apretado y han decido puntualmente; pero hay alguno que…

A nivel individual hemos podido pecar más o menos, en función de nuestra voluntad y capacidad de movimiento. Una persona sola poco puede hacer. Pero como colectivo (con cierta capacidad) podemos decir que le hemos fallado por completo a la sociedad. Colegios profesionales, escuelas, fundaciones, editoriales, creadores de opinión y hasta en las redes sociales hemos sido incapaces de darnos cuenta o actuar debidamente.

Hemos de asumir que hemos fallado tanto individual como colectivamente. Porque nuestra profesión implica siempre transformar la realidad existente y en estos últimos tiempos no la hemos mejorado precisamente.

En nuestras mentes, manos, lápices y ratones está comprometernos a volver a mejorar la realidad sobre la que actuamos. Y sólo lo podremos hacer ejerciendo la arquitectura de manera responsable, imaginando una arquitectura responsable.

imagen de Untipografico [CC BY 2.0], via Wikimedia Commons